Hace más de 22 años fue el momento en que surgió la oportunidad, un chico y una chica, dieciocho y diecisiete años respectivamente, los amigos, la bebida, el fruto de un coqueteo y tal vez hasta la curiosidad, en concreto pudieron haber sido otros factores, el amor, es uno que seguro fue importante, aunque para una chica es diferente que para un chico. La oportunidad, ¡oh! Esa oportunidad, para unos maldita para otros bendita, para muchos la entrega del fruto más preciado de una dama joven, para mí, lo único que favoreció mi existencia como tal. Y una cosa lleva a la otra, la oportunidad llevó a la sorpresa, si dios, ésa que te cambia la vida por completo, ésa que no se irá a menos de que alguien la maté de raíz, porque si muere después de que llega es la cosa más horrible que le puede pasar al que la recibe. El mundo tuvo que moverse al enterarse de la sorpresa, había una persona, la madre de esa joven que seguramente ya sabía lo que vendría a continuación, como si lo hubiera visto en su libro de la vida, cuantas veces no le jugo ese juego la vida también.
Como dije, el mundo dio un giro muy inesperado, aunque solo caminó a lo largo de una calle y luego dio vuelta instalándose en la esquina, hacia la izquierda, hacia lugares desconocidos y sensaciones más malas que buenas, cambio de color y de sabor, a nadie le pudo haber gustado aquello porque era la junta más grande de errores, uno seguido de otro, iguales de jóvenes, iguales de inexpertos e iguales de despreocupados por ello. Ese giro estaba destinado a fracasar desde el inicio, pero aferrados al amor, la única cosa buena y a la vez mala, porque éste tiene doble cara, es un malvado y no escoge a todo mundo; ese giro continúo a duras penas, sosteniéndose casi con una uña incluso después de la llegada de la sorpresa, anunciada como un varón y llegada como una niña, mala la vista del doctor. La sorpresa ignoraba cualquier cosa, estaba en pañales, la vida era siempre dulce, los abuelos, los primos, los amigos, los desconocidos y las aves, el mundo siempre le brillaba en los ojos, era hermoso estar con vida, pero la vida tenía ese giro que apenas se sostenía.
¿Me pregunto como tú, qué es lo que esa chica ahora convertida en madre pensaba? ¿Y lo que ese chico como padre ahora pensaba? ¿Te lo preguntas verdad?
Pues te responderé que ni ellos sabían lo que pensaban, el mundo estaba regido por los que estaban alrededor, tener palabra no era nada si no estabas en un grupo, si no eras el que hacía lo que quisiera en ese grupo, pero sin embargo tal vez no era lo que quisieras lo que hacías. Si, el trabalenguas del giro, esa es la ambigüedad. El chico ahora padre no era feliz, para que mentir, no lo era, por causas que solo alguien en su posición podría entender, ni la madre ni la sorpresa eran suficientes, había algo, y se encargo de buscar formas maliciosas y desagradables de llenar ese algo que faltaba, muchas veces rompió la uña que ese giro usaba para sostenerse, muchas. La sorpresa solo podía ver cosas que no entendía, pero que pasaba de largo, para ella la vida era brillante y nueva, todo por ver, todo por sentir y por embelesar. Cronológicamente no hay espacios para saber de donde entró, pero la posibilidad de un nuevo giro llegó, sorpresa lo vio algunas veces, y también vio muchas veces la recuperación de esa uña, pero no sabía lo que significaba y por lo tanto no sentía absolutamente nada al respecto. Hasta que un día, sorpresa se encontró de frente con ese giro, se dio, se rompió la uña otra vez y repentinamente se dio ese giro, quedó, válgame la ironía, sorprendida por ello.
Sorpresa tenia primos, muchos por donde sea, pero ella tenía a los preferidos en aquella casa donde madre había nacido, a la vuelta y siguiendo la calle justo antes de la esquina, de entre todos ellos con la que más le gustaba jugar y estar por ser siempre como esa hermana que nunca tuvo, la tercera. La tercera era como una princesa, bonita y justa, pero también como un caballero, valiente y elegante, todo lo que sorpresa admiraba estaba personificado en tercera. Pero justo después del nuevo giro, tercera y sorpresa no se veían de seguido como antes, y que maldad, juntas desde cuatro meses y siete días después de que sorpresa llegara a disfruta de la vida justo después de tercera, como dije aun estaban casi en pañales, eran demasiado pequeñas para entender los giros que da la vida.
Por otro lado el giro nuevo era amable, era dedicado, profesional, indulgente y muy cariñoso, pero sorpresa estaba asustada porque lo que conocía era el giro anterior, y lo extrañaba, si, y era porque en aquel se había quedado su padre, sus abuelos, sus primos y sus pájaros, en este giro faltaban pájaros, no podía oírlos cantar por la mañana, no había leche servida en la mesa ni abuela cocinando en la cocina, faltaban tantas cosas que la hicieran reír; además aquí no conocía nada y tenía que explorarlo, pero no había mucho que explorar, miraba hacia un lado y estaba un calle peligrosa, miraba hacia otro lado y había un lugar llenó de cosas que le recordaban a su antiguo giro, pero era diferente porque ahí no había niños ni aceite; y por ultimo volteaba hacia al frente, había una calle que terminaba en nada y casas sin gente, ¿pueden creerlo? La calle terminaba así nada más, en tierra, en nada, en plantas secas, era insólito para sorpresa ver aquello, en su antiguo giro había calles que seguían quien sabe hasta donde, en las casa vivía la gente que ella veía a diario y conocía, pasaba gente, había banquetas por donde poder jugar e incluso los autos pasaban casi a velocidades grandes, pero aquí, las banquetas no parecían ser para la gente, porque no cabían, de hecho había árboles que tapaban el paso así que se debía caminar por la calle donde se supone debían pasar los carros. Era curioso, ese lugar era más moderno, se podía ver, más sofisticado que el lugar que conocía, pero por alguna razón era más inútil y descabellado, ¿donde se supone que ella iba a correr?
Pero no hubo más que adaptarse, porque incluso a sorpresa la tuvieron que cambiar de escuela, por lo tanto también de amigos. Los días fueron algo apagados era difícil estar con gente que entre ellos se conocían y a ti no, era difícil hablar. Sorpresa se fue adaptando muy poco a poco, muy poco a poco.
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